El plato “ligero” que te está cobrando factura por dentro El camarón, el calamar y hasta ese palito de cangrejo de plástico alimenticio no entran a tu cuerpo como comida inocente. Entran como una carga silenciosa de colesterol, sodio, purinas y aditivos que le pegan directo a las arterias, a las articulaciones y a los riñones cansaditos. Por fuera parecen “mariscos de toda la vida”. Por dentro, cuando ya se juntan con una digestión lenta, una presión medio rebelde o ese dolorcito en las rodillas que amanece cada vez más seguido, se convierten en otra historia. Y sí: la industria del bienestar de miles de millones apenas lo susurra, porque nadie arma imperios alrededor de algo que cuesta poco en el mercado y no necesita empaque bonito. No le puedes pegar una marca a un plato de mariscos comunes y cobrar 800 pesos por un frasco de promesas. Lo que te conviene entender no es el miedo, sino el mecanismo. Porque ahí está la trampa que casi nadie te explica. La oleada salada que apriet...