El café y el ajo no están “para dar energía”. Están para empujar sangre nueva donde ya casi no llega, aflojar el cansancio que se pega al cuerpo y despertar esa parte íntima que muchos creen perdida con los años. Por fuera parece una mañana cualquiera: la taza humeando, el ajo recién machacado, la cocina en silencio. Por dentro, sin embargo, hay vasos sanguíneos que se han ido estrechando como una manguera doblada, y eso le roba chispa al cuerpo, al ánimo y hasta a la vida en pareja. Eso es justo lo que promete atacar este truco de cocina que anda circulando: la flojera que se instala, la circulación lenta, la falta de empuje y esa sensación de que el cuerpo ya no responde como antes. No es una fantasía de revista; es el tipo de problema que mucha gente de 70 y pico carga en silencio mientras sonríe por fuera. Y claro, la industria del bienestar de miles de millones apenas lo susurra. Porque no hay patente escondida dentro de una taza de café ni dentro de un diente de ajo que cue...